viernes, 11 de marzo de 2016

Donde nacen los silencios, de Iván Sánchez


PUBLICADO EN 2013

PRÓLOGO 

Donde nacen los silencios hay un lago helado y bancos con viejas historias de amor tatuadas. El viento arrastra pensamientos pinzados con recuerdos grises y verdes. Se esconde el sentimiento
de un “te necesito” mudo y un piano carcomido por el olvido (su madera llora). Donde nacen los silencios empiezan mis letras y terminan tus labios sellados por cosas tan incomprensibles como
estos garabatos.

Solía rellenar mis horas huecas con abracadabras de papel, pensaba que el silencio de mi mundo era cuanto necesitaba para escribir, pero no hay un silencio perfecto sin tu etérea presencia. Ahora ya no hay palabras vacías, sólo rincones con montoncitos de canicas.

Quizás querido lector, el virtuosismo de tus miradas transparentes me enseñen a ver más allá de mis dedos en movimiento, y pueda por fin entender la complejidad de este vacío donde cabe todo. He intentado describir el eco del silencio. Mis palabras se estrellaron contra el tintero dejándome sin voz, con más de ti querido lector y menos de mí, mucho menos de mí. He intentado despertar dentro de un sueño tangible, y me he dormido en las ramas de un avellano, prendido del pico de la luna, y como hasta ahora en silencio, siempre en silencios. 

Porque también mis silencios son una forma de amar.


La hija del jardinero de Iván Sánchez


PUBLICADO EN 2015


PRÓLOGO


A veces, las pequeñas cosas de la vida, las que a menudo pasan desapercibidas, sin que les demos importancia, de pronto se convierten en un “Tótum  revolútum” que te hace  “construir escaleras de versos para observar de cerca las estrellas y poder caer al mar y experimentar la paz del que ya no espera nada, del que todo lo tiene”.

Sin duda estas palabras, de profundo lirismo, con las que Iván Sánchez, a la vez trovador y juglar, da comienzo a este libro, son el mejor avance del cauteloso legado que irá diluyendo y empapando todas y cada una de las páginas que componen este poemario dividido en tres partes: Crononautas, poetáneo y resonancias.

Con distinta forma poética pero, con un mismo hilo conductor aparece el amor, siempre el amor. Es esta mirada, “la del amor”, a veces antiguo, a veces ya perdido, hacia el amigo, hacia el recién nacido, hacia el poeta, hacia el olvido social, la que se convierte en una constante que inunda de intensidad la narración poética brindándonos un paisaje sembrado de metáforas tan sutiles como bellas (la niña del escote de precipicio), con una adjetivación que sobrecoge el alma en “silencios monacales o litúrgicos” pero a la vez la ilumina de color blanco con sabor a mandarinas, limonero o manzanas. Las antítesis(la lluvia no mojaba suspendida sobre el sol) y personificaciones (la luna me castigó) reiteran su presencia una y otra vez haciendo siempre guiños románticos a ese corazón enamorado de un nombre propio, Stefany, verdadero eje entorno al que gira el universo lírico y onírico del poeta, vestido unas veces de “hija del jardinero” y otras de “hacedora de abalorios”pero resumido magistralmente en una resonancia que sirve de colofón “Desde que te amo, cuando los niños me miran, sonríen”.

Dicho esto, finalizar con mi profunda gratitud hacia este gran “palabrista” por depositar su confianza en mí para que el lector inicie su andadura idílica a través de mis palabras que, espero hayan sabido extraer el jugo.





María José Muñoz García

jueves, 3 de diciembre de 2015



No le importa, las cicatrices que otras dejaron en mí, besa mis heridas...





domingo, 29 de noviembre de 2015

Jóvenes de voz limpia



En esas calles nos dejamos la piel y la sangre, literalmente... 





sábado, 7 de noviembre de 2015

Instituto Virgen del Puerto.


En el instituto Virgen del puerto, impartiendo una charla a las alumnas del grado Técnico superior de educación infantil, sobre cómo realizar actividades con niños y niñas. 






domingo, 18 de octubre de 2015